viernes, 30 de octubre de 2009

ESTAMPA 2009


Desde el pasado día 28 y hasta el domingo 1 de noviembre se celebra en el pabellón 10 del IFEMA de Madrid la XVII edición de ESTAMPA, feria multidisciplinar dentro del mundo del arte, que este año dedica una especial relevancia a la fotografía.
Entre los expositores que dedican un espacio a esta disciplina artística se encuentran Arte Privado, Blanca Berlín, Cámara Oscura y Photogalería-La Fábrica, entre otros.
La obra expuesta es una mezcla de autores ya consagrados y siempre presentes en este tipo de eventos, como son Isabel Muñoz, José María Mellado, Antonio Olazábal, Peter Müler o Mark Laita, con jóvenes talentos que ya han demostrado su valía en numerosas ocasiones y se han ido haciendo un hueco en el mercado nacional, tal es el caso de la asturiana Soledad Córdoba, de la que se exhibe su obra “Ingrávida”, de Adrián Domínguez con una cuidada selección de fotografías en blanco y negro sobre China, o de Cecilia del Val, que tiene la suerte de estar representada en varias de las galerías que están presentes en la muestra.
También hay espacio en el pabellón para algunas editoriales tan prestigiosas como Experimenta, La Fábrica o Cataclismo, distribuidora entre otras cosas de las revistas de arte Exit, Exit Book y Exit Express.
Quisiera hacer una mención especial, fuera ya del mundo de la fotografía a la maravillosa obra que presenta la editorial SUMMA, “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, con prólogo de Antonio Gala y serigrafías de Daysi Carmona. La obra no tiene desperdicio, de principio a fin es una auténtica belleza. Está compuesta por dos cajas de tamaño considerablemente grande, calculo que 40x60 centímetros aproximadamente, en cada una de las cuales hay 10 serigrafías con los correspondientes poemas de Pablo Neruda. Cada detalle está minuciosamente elaborado conformando el conjunto una extraordinaria colección que a todos los amantes del arte nos gustaría poseer. El único “pero” que podría ponérsele a la obra es el precio ya que cada una de las cajas cuesta 2800 euros, que indudablemente lo valen, pero que no se halla al alcance de los bolsillos de la inmensa mayoría. No obstante aquellos que las adquieran durante la feria se verán beneficiados de un importante descuento y también existe una edición limitada de obras que podrán comprarse separadamente por un precio de 200 euros cada serigrafía, así que si no podemos poseer la colección completa al menos nos queda el consuelo de poseer una parte de ella.


CECILIA DEL VAL
MARK LAITA


ERWIN OLAF


ADRIÁN DOMÍNGUEZ


lunes, 12 de octubre de 2009

¿Qué Hacemos?

















Nunca fui la más guapa del barrio
pero eso tú ya lo sabías.
Tenía tanto que ofrecerte
y lo perdiste por una cara bonita,
… o dos, ….. o tres ....
hubo tantas flores en tu vida,
efímeras como la luz de la mañana
que nace y muere en unas horas
y que nunca es igual.
¿Dónde estaban ellas cuando las necesitaste?
¿Quién vino a sostener tu mano
cuando el cayado ya no fue suficiente
para mantener erguida tu apolonia figura?
En vano esperé escuchar de tu boca dos palabras,
¿Qué te costaba decirlas
aunque no fueran ciertas?
Me habías mentido tantas veces
que qué importaba una más.
Hubiese sido una mentira piadosa,
de las que no cuentan a la hora del juicio.
Además, ¿quién te iba a juzgar sino yo?
Nunca dije nada al respecto,
la gente no quiere conocer las penas de los otros,
bastante tienen con superar su día a día.
Ahora que ya no estás a mi lado,
¿lo estuviste alguna vez?,
miro tu fotografía y pienso
en lo que pudo haber sido.
No nos fue mal,
para muchos éramos la pareja perfecta,
pero yo quería más,
lo quería todo de ti,
tus besos, tus caricias, el calor que dejabas en mi cama,
el leve roce de tu mano al caminar en las noches estrelladas,
los ojos con que la mirabas a ella,
los susurros de tu voz al teléfono
cuando creías que yo no te escuchaba.
Tu eras mi vida y la tuya era de otra,
¿Qué hacemos ahora si a los dos nos falta?
Dímelo amor mío, ¿qué hacemos?

sábado, 10 de octubre de 2009

No Digas Que Fue Un Sueño


Hace ya cinco días que regresé de un viaje por Egipto y aún me cuesta enfocar la mirada, no se si porque aún llevo su luz en mi interior o porque a fuerza de mirar por el objetivo de mi cámara no consigo entender el mundo sin verlo por un cuadradito.

El país del Nilo fue siempre uno de mis objetivos, de esos que nos marcamos desde muy jovenes y que unas veces logramos alcanzar y otras no. Esta vez lo he logrado y ahora que he vuelto tengo la extraña sensación de haber permanecido fuera de casa mucho más que los ocho días que ha durado mi estancia allí.

Viajar a Egipto es como viajar en el tiempo, a veces unos años, a veces unos siglos, y no me refiero a sus milenarios monumentos de incomparable belleza, sino a sus calles, a sus gentes, a esa mezcla de progreso y atraso que confluyen en todas y cada una desus ciudades.

No se lo que esperaba encontrar allí, tal vez esa idea romántica que todos hemos formado alguna vez en nuestra mente al leer las obras de escritores como Terenci Moix, Agata Christie, Mika Waltari, o en un plano más real Naguib Mahfuz. El caso es que por mucho que hayas leído, por mucho que te hayan contado, nada logrará igualar la realidad.

El Cairo, por ejemplo, es la ciudad de las ciudades, la ciudad en la que se unen los más lujosos hoteles con las más miseras cabañas de adobe; es el lugar en donde hay más de un millón de personas viviendo entre los mausoléos de sus cementerios, conocidos como "La ciudad de los muertos"; es la ciudad en cuyas calles comerciales puedes encontrar modernos McDonalds, mientras los viejos mercados siguen despidiendo un penetrante aroma a especies y almizcle.

También es la ciudad de los puentes, bajo los que los enamorados pasean sobre el río en barcazas iluminadas como un árbol de navidad, mientras escuchan de forma estridente música popular. Pero sobre todo es la ciudad del caos. Veinte millones de personas y cinco millones de coches, ¿Os podéis imaginar lo que significa eso? No, no podéis, realmente hace falta vivirlo, sentirlo, para darse cuenta de lo que significa. Cuando alguién te diga que cruzar una calle en el Cairo es jugarse la vida, no estará exagerando, es la realidad. Las normas son las mismas de cualquier país europeo, sólo que allí no las respeta nadie. Apenas existen semáforos y de todos modos da igual ya que nadie se rige por ellos. La contaminación acustica es tal que cuando te encierras en tu habitación del hotel sigues oyendo los pitidos de los autos y las motos en tus oídos.

Puede parecer por mis palabras que no me ha gustado el viaje, nada más lejos de la realidad, Egipto te cautiva, te engancha y al poco de estar aquí te verás anhelando la sonrisa traviesa de los pequeños vendedores de papiros, o el manso susurrar de las aguas del Nilo mientras navegas en las lujosas motonaves, o el viento acariciando tu rostro a bordo de una faluca con las velas desplegadas.

Si viajar a Egipto alguna vez fue un sueño para tí, no te despiertes hasta verlo cumplido, te aseguro que no te arrepentirás.