sábado, 10 de octubre de 2009

No Digas Que Fue Un Sueño


Hace ya cinco días que regresé de un viaje por Egipto y aún me cuesta enfocar la mirada, no se si porque aún llevo su luz en mi interior o porque a fuerza de mirar por el objetivo de mi cámara no consigo entender el mundo sin verlo por un cuadradito.

El país del Nilo fue siempre uno de mis objetivos, de esos que nos marcamos desde muy jovenes y que unas veces logramos alcanzar y otras no. Esta vez lo he logrado y ahora que he vuelto tengo la extraña sensación de haber permanecido fuera de casa mucho más que los ocho días que ha durado mi estancia allí.

Viajar a Egipto es como viajar en el tiempo, a veces unos años, a veces unos siglos, y no me refiero a sus milenarios monumentos de incomparable belleza, sino a sus calles, a sus gentes, a esa mezcla de progreso y atraso que confluyen en todas y cada una desus ciudades.

No se lo que esperaba encontrar allí, tal vez esa idea romántica que todos hemos formado alguna vez en nuestra mente al leer las obras de escritores como Terenci Moix, Agata Christie, Mika Waltari, o en un plano más real Naguib Mahfuz. El caso es que por mucho que hayas leído, por mucho que te hayan contado, nada logrará igualar la realidad.

El Cairo, por ejemplo, es la ciudad de las ciudades, la ciudad en la que se unen los más lujosos hoteles con las más miseras cabañas de adobe; es el lugar en donde hay más de un millón de personas viviendo entre los mausoléos de sus cementerios, conocidos como "La ciudad de los muertos"; es la ciudad en cuyas calles comerciales puedes encontrar modernos McDonalds, mientras los viejos mercados siguen despidiendo un penetrante aroma a especies y almizcle.

También es la ciudad de los puentes, bajo los que los enamorados pasean sobre el río en barcazas iluminadas como un árbol de navidad, mientras escuchan de forma estridente música popular. Pero sobre todo es la ciudad del caos. Veinte millones de personas y cinco millones de coches, ¿Os podéis imaginar lo que significa eso? No, no podéis, realmente hace falta vivirlo, sentirlo, para darse cuenta de lo que significa. Cuando alguién te diga que cruzar una calle en el Cairo es jugarse la vida, no estará exagerando, es la realidad. Las normas son las mismas de cualquier país europeo, sólo que allí no las respeta nadie. Apenas existen semáforos y de todos modos da igual ya que nadie se rige por ellos. La contaminación acustica es tal que cuando te encierras en tu habitación del hotel sigues oyendo los pitidos de los autos y las motos en tus oídos.

Puede parecer por mis palabras que no me ha gustado el viaje, nada más lejos de la realidad, Egipto te cautiva, te engancha y al poco de estar aquí te verás anhelando la sonrisa traviesa de los pequeños vendedores de papiros, o el manso susurrar de las aguas del Nilo mientras navegas en las lujosas motonaves, o el viento acariciando tu rostro a bordo de una faluca con las velas desplegadas.

Si viajar a Egipto alguna vez fue un sueño para tí, no te despiertes hasta verlo cumplido, te aseguro que no te arrepentirás.

1 comentario:

  1. .....Sí, ha sido un SUEÑO. Conocer Egipto era mi sueño anhelado y lo hemos cumplido juntas. Lo describes con tanta exactitud que por un momento he cerrado los ojos y me he transportado allí....

    ResponderEliminar