domingo, 17 de enero de 2010

Madrid, Mi Madrid






















Estoy ligada a ti.
Soy como un naufrago en una tierra estéril
que no fabrica más que humo y cemento.

Nunca tuve ni patria ni banderas
y sin embargo en la distancia
me sorprendo añorando tus calles y tus plazas,
tus tabernas con olor a fritanga y a cerveza,
tus mercados en los que nada falta,
las voces de los niños en los parques
y ese arco iris de razas y culturas que pulula por tus barrios.

Cuando en las largas tardes del verano
me asomo a la venta,
diviso un mar de tejados infinito
y un horizonte indefinido de neblina
oculta al sol en su descenso.

No tienes playas, ni montañas,
ni bosques de castaños o eucaliptos.
A veces me cuesta respirarte
y sin embargo cuando recorro los senderos del Retiro,
ese inmenso jardín que en ti reside,
siento una paz casi infinita,
y al son de los tambores africanos
me transporto sin duda al paraíso.

Te he visto mudar y transformarte.
Trocaste las corralas en gigantes,
ya no conozco a mis vecinos
ni percibo el aroma del cocido en la escalera.
Las basuras se reciclan en bolsas de colores
en las que hurgan los mendigos en la noche
esperando encontrar algo que vender en el rastrillo de Atocha
y así, comprar ese cartón de vino
que haga menos fríos sus días y sus sueños.

Cuantos cambios.

Las parejas siguen invadiendo tus caminos
pero ya no van de la mano,
y si lo hacen
seguramente comparten la espuma de afeitar
al tiempo que sus besos.
Hasta las putas son distintas.
Esa muchacha llegada de algún pueblo
con la vergüenza rota y una boca que criar
cedió su puesto a la princesa de las canciones de Sabina,
más rota aún por cicatrices y papelas de heroína,
y ésta a su vez,
tuvo que echarse a un lado
cuando las hordas del este invadieron sus esquinas,
cual conquistadores de antaño,
tomando posesión de nuestras calles.
Sus chulos ya no son secretas,
ni éstos revenden entradas de la Feria,
y ante la puerta grande, se manifiestan
desnudos y cubiertos de sangre
quienes abogan por abolir la fiesta de los toros.
Abruma la violencia.

Las paredes se llenan de carteles
y los comerciantes contratan quinceañeros
que les pinten grafitis en los cierres.

Cuantos cambios.

Cuantas veces he visto el asfalto desgarrado
por esas obras infinitas que nunca acaban,
que hieren mi ciudad de parte a parte,
como una llaga abierta en un cuerpo cuajado ya de cicatrices.

Y a pesar de todo te quiero,
llevo tu sangre entre mis venas
como ese simulacro de río que atraviesa las tuyas
y al cual mi madre quiere que arroje sus cenizas.
Las mías esparcirlas por el aire ya contaminado
y dejad que el viento se las lleve
flotando sobre ese cementerio de antenas de tu urbe.
Así, siempre estaré presente en tu recuerdo.



Conchita Meléndez, Enero 2010

domingo, 10 de enero de 2010

Premios Lux


Hoy estoy muy contenta. En el pasado mes de Octubre se entregaron los premios Lux de Fotografía, que como ya sabéis son los Premios Nacionales de Fotografía Profesional.
En cualquier otra ocasión hubiese hecho una selección de los trabajos ganadores y hubiese subido las imágenes a este blog, pero hoy sólo habrá una imagen en el artículo, la ganadora del la categoría Oro de Reportaje Temático, que le ha sido concedida a mi amigo y magnífico profesional Alejandro Marí Escalera.
Alejandro que reside en Ibiza es miembro de la junta directiva de la AFP y también de la Associació d´Artistes Visuals d´Eivissa i Formentera AAVIB, Profesor de Fotografía en la Escuela CEPA PITIÜSES y Fotógrafo de la Agencia COVER.
Tiene en su haber un montón de premios y ha realizado multiples exposiciones, tanto a nivel individual como colectivo, en definitiva es un gran fotógrafo y desde aquí quiero rendirle este pequeño homenaje.
FELICIDADES ALEJANDRO

sábado, 2 de enero de 2010

El Bebé Del Año Nuevo





La idea de utilizar un recién nacido para simbolizar el comienzo de un nuevo ciclo surgió en la antigua Grecia alrededor del año 600 a.C. En las fiestas dionisiacas, era costumbre hacer desfilar, como homenaje a Dionisos, dios del vino y de las francachelas, un bebé en un cesto de juncos, que representaba el renacimiento anual de ese dios como espíritu de la fertilidad. En Egipto se efectuaba una ceremonia similar representada en la tapa de un sarcófago que hoy se encuentra en un museo británico. Dos hombres, uno de ellos viejo y con barba y el otro en el apogeo de su juventud, aparecen en él portadores de un bebé en un cesto de mimbre.

Tan corriente era el símbolo del bebé del Año Nuevo en tiempos de los griegos, egipcios y romanos, que la primitiva Iglesia católica, tras no poca resistencia, permitió finalmente a sus miembros la utilización en celebraciones, con tal de que quienes participaban en ellas admitieran que el bebé no era un símbolo pagano, sino una efigie del Niño Jesús. Nuestra moderna imagen de un bebé en pañales y con el número del año en el pecho se originó en Alemania, en el siglo XIV, y apareció sucesivamente en ilustraciones y en canciones de cada época.

Del libro "Las cosas nuestras de cada día" de Charles Panati