jueves, 16 de junio de 2011

Madrid Se Viste De Luces


Es bien sabido que el principio del verano está lleno de acontecimientos culturales en Madrid. A la Feria del Libro y el Festival de PhotoEspaña, ambos veteranos en estas lides, hay que sumar una serie de exposiciones, conferencias, encuentros y festivales.

Así, los madrileños podrán escoger entre asistir al Teatro Abadía para ver bailar a Ángel Rojas, dentro del Festival “Suma Flamenca”, algo que yo recomiendo a todos aquellos que gusten del buen arte de la danza; o ver las esculturas de Cornelis Zitman en el nuevo Conde Duque; asistir a la primera edición del  Art Barter en la Universidad Complutense, muestra que reúne Música y arte independiente; o también puede visitar la exposición de Antonio Cabello, “Semblantes”, en la Sala de Exposiciones La Lonja de la Casa del Reloj.

Los lienzos de Antonio Cabello reúnen una serie de rostros del mundo taurino. La faz seria y una expresión concentrada son su forma de plasmar a estos hombres momentos antes de lanzarse al ruedo, de emprender su particular duelo con la bestia.  Con mano firme, colores vivos y trazos sugerentes  Antonio ha perfilado los retratos de la mayoría de los grandes toreros de la época actual.

No se puede negar que Antonio es un enamorado del entorno taurino. Entre sus trabajos pictóricos y fotográficos ha llegado a reunir innumerables piezas, como los retratos al óleo que componen la colección “Sueños de Gloria”, o la colección de fotografías “Entre Luces”.  Así mismo ha colaborado en la reedición de la Enciclopedia de la Tauromaquia “El Cossio” y ha diseñado carteles y trajes en diversas ocasiones.

Si todo esto fuera poco y cupiera alguna duda de la capacidad y la importancia de Antonio Cabello dentro del mundo del arte, no necesito recordaros que él es el director de una de las mejores revistas de fotografía que se publican en nuestro país, Arte Fotográfico.

Si aún os quedan tiempo y ganas os sugiero que os deis un paseo por alguna de las múltiples galerías de arte que forman parte de Festival Off de PhotoEspaña o por alguno de los bares que sin estar oficialmente inscritos en ningún festival se encargan de acoger y promover a un montón de artistas que de no ser por ellos no podrían exponer su obra; obra que en algunos casos merecería estar colgada en las paredes de algún museo. 

sábado, 4 de junio de 2011

De Piropos y Otros Alardes


Esta tarde he escuchado un piropo que hace mucho que no oía. De hecho, hace tiempo que no se oyen piropos, si acaso alguna sórdida expresión dirigida de forma soez a alguna ataviada  viandante.
El piropo, algo muy español, sobre todo cuando se dice con garbo, decía así : “De ti, me gustan hasta los andares.” 

Evidentemente no iba dirigido a mí, pero ni eso ni el hecho de que haya sido evocado por una persona no muy convencional, ya que el vocero era un hombre conservado en alcohol y curtido por las vicisitudes de la vida y el cambiante clima de la calle, han impedido que aquella frase haya resonado en mis oídos con una cierta nostalgia evocadora, o que haya generado en mí una tremenda curiosidad por saber quién era la destinataria de tan singular y repentino ardor sentimental.

Con un gran esfuerzo de voluntad por mi parte he conseguido dominar el impulso de volver la cabeza y mirar descaradamente a la joven destinataria de la verborrea del poeta callejero y en un alarde de estrategia, he aminorado  el paso y esperado a que ella se situara a mi altura o más bien, unos pasos por delante. De ese modo he podido observar, sin ser observada, que la chica en cuestión era merecedora no ya de un simple piropo, sino más bien de un compendio del imaginario lingüístico popular.

Con no más de metro sesenta y una figura enjuta y rectilínea, aquella mujer movía las caderas al caminar con una suerte de cadencias que parecía estar dando pasos de samba en el mejor de los desfiles carnavaleros de algún país tropical. Casi se podría decir que habría podido "enroscar bombillas a golpes de cintura". 

Apenas ha permanecido ante mi vista unos escasos minutos pero juraría, que durante ese tiempo, todos los hombres y mujeres con los que nos hemos cruzado han clavado en ella la mirada, aún a riesgo de adquirir una contractura en las vértebras cervicales, para observar sus andares. Los primeros lo han hecho con un cierto anhelo y deseo y ellas, nosotras, seguramente con una pizca de envidia ante su desparpajo.