sábado, 4 de junio de 2011

De Piropos y Otros Alardes


Esta tarde he escuchado un piropo que hace mucho que no oía. De hecho, hace tiempo que no se oyen piropos, si acaso alguna sórdida expresión dirigida de forma soez a alguna ataviada  viandante.
El piropo, algo muy español, sobre todo cuando se dice con garbo, decía así : “De ti, me gustan hasta los andares.” 

Evidentemente no iba dirigido a mí, pero ni eso ni el hecho de que haya sido evocado por una persona no muy convencional, ya que el vocero era un hombre conservado en alcohol y curtido por las vicisitudes de la vida y el cambiante clima de la calle, han impedido que aquella frase haya resonado en mis oídos con una cierta nostalgia evocadora, o que haya generado en mí una tremenda curiosidad por saber quién era la destinataria de tan singular y repentino ardor sentimental.

Con un gran esfuerzo de voluntad por mi parte he conseguido dominar el impulso de volver la cabeza y mirar descaradamente a la joven destinataria de la verborrea del poeta callejero y en un alarde de estrategia, he aminorado  el paso y esperado a que ella se situara a mi altura o más bien, unos pasos por delante. De ese modo he podido observar, sin ser observada, que la chica en cuestión era merecedora no ya de un simple piropo, sino más bien de un compendio del imaginario lingüístico popular.

Con no más de metro sesenta y una figura enjuta y rectilínea, aquella mujer movía las caderas al caminar con una suerte de cadencias que parecía estar dando pasos de samba en el mejor de los desfiles carnavaleros de algún país tropical. Casi se podría decir que habría podido "enroscar bombillas a golpes de cintura". 

Apenas ha permanecido ante mi vista unos escasos minutos pero juraría, que durante ese tiempo, todos los hombres y mujeres con los que nos hemos cruzado han clavado en ella la mirada, aún a riesgo de adquirir una contractura en las vértebras cervicales, para observar sus andares. Los primeros lo han hecho con un cierto anhelo y deseo y ellas, nosotras, seguramente con una pizca de envidia ante su desparpajo.

1 comentario:

  1. Aplaudo el texto amiga y estoy completamente de acuerdo

    Un abrazo

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